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Rutas Naturales
La Ruta de los Acantilados (del Moraig a la Cala Llebeig)
 
DATOS TÉCNICOS
 
Duración: 1 hora para ir y otra para volver.
 
Dificultad: media
 
Observaciones: La ruta está orientada hacia levante y por las mañanas el sol es muy intenso. En verano es aconsejable hacer la ruta por la tarde, o iniciarla nada más despuntar el sol, pasar el día en la cala de Llebeig y regresar por la tarde cuando hay sombra por todo el camino.
 
 
 
El litoral del término de El Poble Nou de Benitatxell es muy abrupto. El macizo del Puig Llorença, al caer sobre el Mediterráneo, determina una costa elevada, con acantilados de más de cien metros cortados a plomo sobre el nivel del mar. Entre estos acantilados, el desagüe del barranc de l’Infern y el del barranc de la Cala han formado la cala dels Testos y la cala de Llebeig. El tramo de costa situado más hacia el sur (entre el Moraig y la cala de Llebeig), aunque es igualmente elevado, es más accesible. Las rocas desprendidas de la pared del acantilado forman junto al mar una serie de roquedales bajos, sobre los cuales hay una zona escarpada con una rica vegetación, orientada hacia levante y protegida del sol por las paredes del morro. Desde siempre, la ribera ha sido muy visitada por los pescadores y las tierras más fértiles han sido abancaladas y plantadas de algarrobos. En esta zona se pueden encontrar algunas construcciones de piedra seca adosadas a la pared rocosa. Son edificios muy elementales donde la pared de piedra delimita un espacio protegido del sol y de la lluvia. Alrededor de las cuevas suele haber otras estructuras que delimitan espacios diferentes, como zonas para encender fuego o algún cercado para la bestia de carga.
 
Estos habitáculos tan elementales eran ocupados esporádicamente por pescadores y por agricultores de Benitatxell que acudían a cultivar las pequeñas franjas de tierra disponibles y, también, por contrabandistas que esperaban ocultos en las cuevas la llegada de laudes i balandros cargados de tabaco, telas, medias de seda i mantones de Manila.
 
La ruta empieza cerca de la bajada a la cala del Moraig. Hay que subir por la pared sur del cortado que accede a la playa y caminar siempre hacia mediodía siguiendo las excavaciones de una carretera iniciada en la base del morro. A pocos metros, encontraremos la cova de les Morretes. La cueva y todas las estructuras anejas se sitúan a un par de metros sobre el nivel de las excavaciones. Desde este lugar podemos contemplar la playa del Moraig a nuestros pies y, a mano izquierda, el morro Falquí y la silueta inconfundible del Cap de la Nao. La pared del acantilado siempre ofrece un paisaje cambiante de formaciones calizas y la posibilidad de contemplar algunas plantas de roca o el vuelo de algún halcón.
 
 

 
La cova de les Morretes fue construida aprovechando una cavidad de la pared rocosa. Tiene un muro de piedra y barro que cierra la cavidad por el sudeste. Hay una obertura al norte y al mediodía otro lienzo de pared de mamposteria cierra la estructura. En el interior hay dos bancadas de piedra y una ventana ciega en la que se han improvisado unos anaqueles. En el exterior, delante de la puerta de entrada, hay otro banco y una valla de piedra de unos 70 centímetros de altura que delimita con la pared rocosa un pasillo de unos dos metros de anchura. En el extremo de la valla de piedra hay un horno de cocer pan de planta redonda. Detrás de la cueva hay una cerca de piedra seca de un metro y medio de altura que forma con el acantilado un espacio usado como establo.
 
 
 
Vista de la playa del Moraig y del morro Falquí desde la Cueva de les Morretes. Al fondo el cabo de la Nao.
 
Caminaremos siempre hacia el sur, dejando atrás las excavaciones de la carretera y la senda que baja al Riu y al racó de l’Illot, y descubriremos la punta de Moraira. La senda discurre casi siempre arrimada al acantilado. Cubiertas por la vegetación, aún podemos ver los restos del antiguo abancalamiento plantado de algarrobos y de higueras y, a pocos metros, encontraremos la cova del ti Domingo l’Abiar.
 
 
 
La Cova del ti Domingo l’Abiar está situada a poca distancia de la cova de les Morretes, siguiendo la senda hacia el sur. Tiene tres muros de piedra seca que cierran la cavidad formada por la pared rocosa del acantilado. La puerta, única obertura, se orienta a mediodía. Delante de la entrada, una roca cierra un espacio que se solía proteger del sol y de la humedad con una vela de lona. Una piedra de la pared sur de la cueva tiene grabada la fecha 1937. A unos diez metros hay otra estructura que se usaba como refugio de la bestia de carga.
 
 
Hacia el norte podemos ver la mole característica del morro Falquí. Hacia el sur se descubre el morro Tamarit y la Punta de Moraira.
 
Avanzaremos siguiendo la senda acompañados por el murmullo del mar y por los gritos de las gaviotas. Dejaremos atrás los restos de otra cueva ocultos tras una roca y, después de caminar unos quince minutos, llegaremos a la cova de Pepet del Morret.
 
La cueva de Pepet del Morret está situada en la misma pared rocosa, más hacia el sur, sobre la zona de la línea de costa denominada els Pegats.. La estructura consiste en una pared de piedra seca que cierra un espacio de dimensiones muy reducidas sobre la roca. La única obertura se cierra con una puerta de madera. La alzada de la cueva no permite la estancia de un hombre en pie. En una esquina hay un espacio para hacer fuego y sobre la estancia un agujero para la salida del humo. Hay un fregadero hecho sobre el mismo rellano de la roca y algunos clavos en la pared. El suelo está recubierto de maleza.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Alrededor de esta cueva hay estructuras de márgenes de contención, con escalones para acceder de un nivel a otro y, al lado de la cueva, hay un espacio descubierto, delimitado por grandes rocas desprendidas del acantilado, donde se encendía fuego en un improvisado hogar y donde unas piedras hacen de mesa y de sillas. Éste es un buen lugar para descansar.
 
El camino continua pasando por debajo del arco formado por las peñas. A partir de aquí, la senda se bifurca: podemos seguir junto al acantilado si queremos llegar a la cova del ti Toni el Senyalat, i seguiremos por el otro camino si queremos continuar la ruta. Más adelante, el acantilado forma una rinconada protegida del sol donde abundan los pinos. La senda discurre siempre arrimada a la roca, sobre los sedimentos desprendidos de la pared. Encontraremos otra cueva, de la que solo se conservan los basamentos de piedra que cerraban el recinto. Enseguida veremos a nuestros pies la punta de l´Alderà, situada en el extremo izquierdo de la cala de Llebeig y en la misma base del morro del Bou. En este lugar hay un agujero en la roca por donde el mar, cuando arrecia el temporal, proyecta agua y aire. Recibe el nombre de el Bufit del Bou, porque desde lejos se escucha como el resollar de un toro.
 
Unos pasos más y descubriremos la cala de Llebeig. En esta pequeña cala hay algunas cuevas construidas por vecinos de Benitatxell, que acuden, desde siempre, en agosto a remojar el esparto, a pescar y a tomar los tres baños anuales recomendados por una tradición secular. Hay, también, una caseta de vigilancia de costas que ocupaban primero los carabineros y después la Guardia Civil.
 
 
Vista de la Cala de Llebeig
 
 
LOCALIZACIÓN
 
 
VEGETACIÓN
 
La vegetación que puede observarse durante la ruta está dominada por especies comunes en el litoral alicantino como el lentisco (Pistacia lentiscus), el aladierno (Rhamnus alaternus) y el romero (Rosmarinus officinalis). Estas especies están acompañadas de otras como el bayón (Osyris quadripartita), la coronilla de hoja fina (Coronilla juncea) o la lavanda (Lavandula dentata), especies que aun siendo menos abundantes en la zona alcanzan un gran desarrollo en algunos tramos de la ruta. Este es también el caso del esparto (Stipa offneri) que es muy frecuente a partir de la mitad de la senda. El pino carrasco (Pinus halepensis) es común en la zona y alcanza su mayor desarrollo en un pequeño bosque cercano al final de la senda, aunque aparecen ejemplares jóvenes a todo lo largo de la misma. Se encuentran otros árboles presentes, como el algarrobo (Ceratonia siliqua), la higuera (Ficus carica) y el olivo (Olea europaea), provinientes de los antiguos bancales cultivados.
 
A lo largo de la ruta podemos encontrar de forma esporádica otras especies como el palmito (Chamaerops humilis), la albada o albaida (Anthyllis cytisoides), la aliaga (Ulex parviflorus), el tomillo (Thymus vulgaris), la efedra (Ephedra fragilis) o la madreselva (Lonicera etrusca). Llama la atención por su vistosidad la clavelina (Dianthus broteri), presente en macizos en las zonas más soleadas y la campanilla valenciana (Convolvulus valentinus), especie muy rara y endémica de la zona comprendida entre Moraira y el cabo de San Antonio, así como la centaurea menor (Centaurium quadrifolium).
 
En las altas paredes calizas, bajo las que transcurre la senda, es posible encontrar especies vegetales de gran interés botánico, como el espino negro de roca (Rhamnus licyoides subsp. borgiae), endemismo raro propio de Alicante y algunas comarcas de Valencia, el poco común zapatito de la virgen (Sarcocapnos enneaphylla) o la escabiosa de roca (Scabiosa saxatilis), endémica del norte de Alicante y Sur de Valencia.
 
Convolvulus valentinus
Scabiosa saxatilis
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